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Etiqueta: Casas rurales

Otoño en Alcalá del Júcar

Otoño en Alcalá del Júcar.

Otoño en Alcalá del Júcar
Otoño en Alcalá del Júcar

Llegada esta temporada son muy numerosos los viajeros que ponen rumbo hacia Alcalá del Júcar para contemplar la llegada del otoño y disfrutar del colorido que nos proporcionan su vegetación a lo largo de la ribera de Júcar.
Desde la calle asomada, en la parte alta de Alcalá del Júcar, podemos saborear con varios de nuestros sentidos, esos contrastes de la naturaleza en su máxima expresión.
Además si a esto le añadimos unos gazpachos manchegos en cualquier de los numerosos restaurantes que nos encontraremos por Alcalá del Júcar, regados con los excelentes caldos de nuestra comarca, estamos seguros de garantizar el éxito de nuestra visita.
Por los alrededores encontramos varios sitios para los amantes  de la micología, o simplemente completar el viaje con un paseo a caballo, burro, o cualquier actividad en la naturaleza que nos proponen las distintas empresas que hay al respecto.
Por supuesto, si queremos hacer noche, hay multitud de alojamientos, como casas rurales, hoteles, hostales, etc, en la que seguro nos sentiremos como en nuestra propia casa.
Ya llegó el Otoño a Alcalá del Júcar!!.
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El Parque de La Rambla de Alcalá del Júcar

El Parque de La Rambla de Alcalá del Júcar

El Parque de La Rambla de Alcalá del Júcar 14-1
El Parque de La Rambla de Alcalá del Júcar 14-1

En La Rambla de Alcalá del Júcar hay un Parque infantil en el que los pequeños pueden disfrutar en los distintos elementos del que dispone, mientras los papás pueden refrescarse en los numerosos chiringuitos de los alrededores, o contemplar el extraordinario paisaje que nos depara el Júcar por estas inmediaciones.
Aquí se encuentra también la oficina de turismo, y suele ser casi el principio de todas las visitas que nos dispongamos a realizar por Alcalá del Júcar y sus alrededores.
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La Cruz del Puente y el Castillo de Alcalá del Júcar

La cruz del puente y el Castillo de Alcalá del Júcar

La cruz del puente y el castillo de Alcalá del Júcar
La cruz del puente y el castillo de Alcalá del Júcar

Al cruzar el Puente romano de Alcalá del Júcar, aproximadamente en su mitad, se encontraba “La Cruz del Puente” hecha de piedra y que fue destruida en la guerra civil, al finalizar la guerra se hizo otra Cruz que es la que actualmente nos encontramos al cruzar el puente, también de piedra pero mas parecida a una flecha, y la llamaron “La cruz de la Victoria” en conmemoración a los vencedores. Bajo la cruz existe una leyenda en una placa que dice:
ESTE PASO ES DE
EL AÑO DE 1771 A 27 DE
MARZO QUE SE REMATO
EL PUENTE
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Pink Floyd Euro en Casas Ibáñez

Pink Floyd Euro en Casas Ibáñez.
pink floyd en Casas Ibáñez
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Con motivo de las fiestas de La Virgen de la Cabeza se celebró un concierto de euro Pink Floyd en el teatro de Casas Ibáñez en el que los numerosos asistentes pudieron disfrutar de un excente grupo en un Tributo a Pink Floyd. Dos horas de concierto que nos sabieron a poco, salvando las distancias con el original versionaron decentemente el rock psicodélico y progresivo de Pink Floyd.

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Tolosa, aldea ribereña del Júcar

Tolosa, aldea ribereña del Júcar.
A unos 5 kms.  al este de Alcalá del Júcar, Se encuentra Tolosa, la única aldea ribereña del Júcar.

Tolosa
Tolosa

Tiene por patrón San Roque, y el 16 de agosto se celebra una misa y procesión, así como unos castillos artificiales muy espectaculares por el entorno del embalse en el que se realizan.
En cuanto a sus antecedentes históricos,  de 1750 es una lista donde se recogen los batanes de Alcalá, los cuales están en propie­dad de la familia Tolosa, por lo que la fundación de la aldea debió ser ligeramente posterior a es­ta fecha.
El rio Júcar marcha a la aldea de Tolosa, situada a la iz­quierda, en la que hay otro puente, para continuar al Puntal de las Rochas, situado a 7 kms. del pueblo y que antiguamente eran unos batanes. Corre el río hacia Don Benito, que está situado a la izquierda, facilitando el paso otro puente. Pasa después el río por otra central eléctrica llamada Tranco del Lobo. Al corto espacio, por la angostura del terreno, se interrumpen las huertas y solo antes de tocar en la Villa de Ves, se cultivan las rinconadas del Moral y Fuente de la Canaleja, a las que siguen el Embalse del Molinar. La Villa de Ves ocupa la cima de un peñón que se levanta én la izquierda del río. Todo este tránsito es notable por su escabrosidad y la elevación de los pe­ñascos que encajonan el río y no permiten paso alguno: la rinconada de Don Sancho y de Jábega, pequeños espacios cultivados a la izquierda del río, se hallan ya casi en el límite de la provincia de Valencia.
“Alcalá del Júcar” de José Luís Valiente Pelayo
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Plaza de toros de Alcalá del Júcar

Alcalá del Júcar cuenta con una de las más originales plazas de toros que se hayan cons­truido jamás. Sobre su construcción no se sabe gran cosa aunque esta plaza cuenta, según algu­nos, con más de 200 años estando considerada por muchos autores como una de las más antiguas de España. Antes de levantarse la plaza, allí había una era para trillar enclavada en la roca y, con anterioridad, la ermita de San Pedro[1].
plaza de toros de Alcala del Jucar
Pese a esta supuesta antigüedad, por nuestra parte no creemos que sea anterior a la se­gunda mitad del siglo pasado. Si bien no es concluyente el hecho de que no aparezca en la obra de Sánchez de Neira (1879)[2], el cual también deja sin nombrar muchas otras cuya existencia está demostrada, ya es más extraño el que tampoco aparezca en la de Guerrita (Í896)[3], el cual hace un meritorio censo de las existentes en su época, cuando sabemos que ya existía el coso de nues­tro pueblo; tal vez, ello se deba al lamentable estado en el que ya se encontraba Tampoco apare­ce en el mapa de Hierros y Divisas de Ganaderías Bravas, realizado por E. Galle alrededor del año 1900.    …
Según algunas publicaciones, la plaza se construyó en 1902, pero según la memoria de algunos ancianos, lo que realmente se hizo en aquellas fechas fue una reconstrucción, ya que la plaza ya existía con anterioridad, pero ante el ruinoso estado que ésta presentaba, el ayuntamien­to la ofreció a los albañiles y carpinteros del pueblo a cambio de su restauración. Estos restaura­dores fueron los hermanos Motilla Camón (Juan José y Alberto), Alonsillo y, también, Diego Villanueva “el de Rufino”; estos cuatro eran albañiles, a los cuales hay que agregar al carpintero
Bartolillo Muñera[4] y al tejedor Gregorio García “el de la Isabelana”. Se añadía, completando el grupo, Peñas, el “Alpargatero” y Faustino García “el Oficialete”, también llamado “el de la Mortera”. Entre los nueve la rehicieron tal y como se nos muestra hoy en día; al parecer, en la novi­llada de inauguración perdieron cerca de mil reales. Quizás, esta reconstrucción, es lo que induce a Ortíz Blasco y J.L. Maeso a dar erróneamente el año de 1912 como fecha de su construcción.


[1] La referencia de una era sobre la cual se asienta la actual plaza de toros, está recogida de otros.autores, sin embar­go, desconocemos el origen de tal información, ya que ninguna obra consultada lo corrobora; tampoco los testimo­nios recogidos entre algunos ancianos guardan recuerdo de ello.
[2] Sánchez de Neira, J.: El Toro. Gran Diccionario de Tauromaquia-, Madrid; 1879; Editado por la Imprenta y Li­brería de Miguel Guijarro.
[3] Gandullo, L. y López de Saa, L.: La Tauromaquia, Madrid; 1896; Mariano Núñez Samper editor. Esta obra estu­vo bajo la dirección técnica del matador Rafael Guerra “Guerrita”.

[4] Por desgracia, recientemente Meció Mauricio Muñera, hijo de Bartolomé Minera, uno de los restauradores de la plaza y que alguna vez nos comentó cómo, a principios de siglo, tenia que llevar todos los días, pese a su corta edad, el almuerzo a su padre, el cual estaba en la obra del coso taurino.
33                Hasta hace algunos años, el espectáculo de variedades solía representarse la misma noche de la corrida.
34                Aquella peña de nuestros vecinos llegó a ser tan fuerte, que incluso llegaron a poner un toldo en su tendido.
En alguna fuente hemos hallado el dato erróneo de que es monumento nacional, motivo por el cual no estaría permitida la remodelación exterior, pese a ello, en el interior se llevaron a cabo las obras pertinentes para ampliar el ruedo, que ahora mide 40 mts. de diámetro; también se quitó la barrera y se subió la contrabarrera
La portada está realizada a base de sillares y el resto, hasta nivelar el punto más alto, es manipostería trabada con mortero de cal. A partir de ahí, se usa el alzado de tapial calicastrado. También aparece el uso de cadenas (bloques escuadrados) para unir dos lienzos convergentes. Por su parte, las gradas están esculpidas en la roca y los muros son de adobe, habiéndose utiliza­do, además, el barro, la grava y el ladrillo. La disposición de todos estos materiales hace parecer que los muros estén hechos para soportar un tobogán. En cuanto a su forma, esta plaza no es cuadrada ni redonda, es ovalada y desde arriba recuerda una lucerna paleocristiana.

En cuanto a su distribución interior, la plaza tiene dos puertas para el servicio publico que dan acceso a las localidades de sol y sombra y otra principal, por donde efectúan su entrada los toreros. Tiene también un corral y los respectivos chiqueros, aunque no cuenta con cuadras, por lo cual, los caballos tanto de rejoneadores como de arrastre de toros han de quedarse en la ca­lle hasta su entrada en la plaza. A la parte izquierda de la puerta principal, existe un pequeño es­cenario en el cual, y durante el verano, actúan algunas compañías de teatro y otras variedades. Tiene un aforo para 2.200 espectadores.
El día 8 de Agosto hay un tradicional “encierro” de las reses que se lidiarán el día 10. Este encierro, tras unos años en que los toros eran llevados encajonados hasta la misma puerta de la plaza, ha vuelto a recuperar el habitual sabor popular al soltar los novillos en la explanada y subir estos, sueltos, hasta la plaza de toros. Últimamente, los novillos salen desde el frontón haciendo, de este modo, el encierro más largo. Pero es sin duda el día 10, festividad de San Lo­renzo, cuando la plaza de toros se convierte en protagonista de las fiestas ya que, alrededor de las 6’30 de la tarde, tiene lugar la tradicional novillada sin picadores, donde serán lidiados cuatro novillos. Por la noche del día siguiente33, tendrá lugar en el teatro de esta misma plaza un espec­táculo de variedades, contando además con la presencia de algún artista de renombre que dé realce a la función.
Desde hace ya bastantes años, y tras el festejo, los mozos de la aldea de las Casas del Cerro iban a la Punta de la Tabla y se daban, vestidos, un baño. Este pequeña broma, se ha veni­do repitiendo año tras año uniéndose, además, los jóvenes del pueblo y de otras aldeas, por lo que este baño en la playeta se ha convertido en una costumbre más.
Otra inveterada costumbre tiene que ver con el pueblo de Casas Ibañez ya que, gran par­te del aforo, era ocupado por vecinos de este pueblo, los cuales tenían una gran afición34. Por en­
tonces, la plaza era regada con cubos y los ibañeses,-quizás por-el-calor,-demandaban asiduamente que al grito de ¡agua! ¡agua!, los mojaran. Ni que decir tiene que los encargados del riego no se hacían de rogar y, a fuerza de repetirlo un año sí y otro también, esto quedó como tradicio­nal; el que iba a aquella parte del tendido sabía ya, de antemano, que acabaría empapado. Hoy en día, ya no existe la gran peña ibañense ni se riega con cubos, pero aquella costumbre ha ido evolucionando hasta nuestros días y, el que va al sol, sabe que acabará regado.
También es tradicional el asistir a la plaza con el jamón y la garrafa del vino.
Como plaza de pueblo que es, no deberíamos esperar la actuación de grandes matadores en su ruedo, sin embargo, y aunque se cuentan con los dedos de una mano, son de destacar algu­nos espadas que, con el tiempo, han llegado a alcanzar cierto renombre, destacando entre todos ellos, según algunos ancianos, a uno de los mayores maestros de todos los tiempos como fue Juan Belmonte aunque, eso sí, cuando solo contaba con doce años. El primer cartel de toros al que hemos tenido acceso, lleva fecha de 10 de agosto de 1905; la feria de aquél año se anunció con gran pompa ya que “Con motivo de la Feria de este pueblo, la Empresa que tiene á su car­go las corridas, no omitiendo gasto ni sacrificio alguno, ha adquirido SEIS BRAVOS NOVI­LLOS-TOROS, de la acreditada ganadería de Don Francisco González Traperos. A la vez ha contratado al valiente novillero MANUEL ALCOBA, Alcobita, que tantos aplausos viene co­sechando en todas las plazas donde se ha presentado”. Ni que decir tiene que “Una brillante Banda de Música amenizará las corridas”. Y dice bien, porque en aquél año se celebró otra co­rrida el día siguiente, 11 de agosto. Como nota curiosa, decir que el siguiente cartel conservado, lleva fecha de 10 de agosto de 1907 y por él nos enteramos que la corrida de dicho año fue “A beneficio de los pobres de esta Villa”.

Bibliografía: Alcalá del Júcar (José Luis Valiente Pelayo)
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La Iglesia de Alcalá del Júcar

La iglesia de Alcalá del Júcar
La comunidad rural medieval estaba íntimamente vinculada a la parroquia, por lo que se puede deducir que desde el primer momento de la estabilización del dominio cristiano existió un lugar para el culto: la iglesia parroquial. Las nuevas poblaciones cristianas necesitaban para el ri­to las construcciones de templos, que debieron de ser humildes necesariamente dada la escasez de medios económicos de los que se disponía en un principio.
La iglesia de Alcalá del Júcar en el entorno rural
Como es lógico pensar, y en cuanto a la documentación existente, nada podemos aven­turar sobre la primera iglesia con la que debió contar nuestro pueblo tras la invasión cristiana, ya que la ausencia de información en lo referente a este punto es total.
Tras la conquista, el pueblo se ubicó, según las crónicas, en la zona alta de la peña, jun­to al castillo, por lo que las primeras referencias nos llevan a aquel lugar. En cuanto a este em­plazamiento, es en las Relaciones Topográficas de Felipe II (1579), donde se dice que “…esta Vi­lla tiene vn castillo grande el qual esta fundado sobre vna peña muy alta (…)yjunto al dicho castillo en la dicha peña ay vn espagio de tierra como vna plaza grande donde antiguamente bibia el dicho pueblo e agora no ay mas de los gimientos e la yglesia…”. En realidad, esta primitiva iglesia, que estaba bajo “…el Nombre de las benditas animas…” ya no funcionaba en tiempos de FelipeII ya que, a principio de ese mismo siglo, se había incendiado[1] motivo por el cual se consiguió permiso “del Sumo Pontífice” para edificar un nuevo templo sobre la “Hermita de Santa Quiteria, en una punta de piedra que sirve de falda al peñón de dicho castillo la que vate las aguas, del citado Rio Jucar. Este permiso se obtuvo en tomo al año de 1525 y aunque ignoramos el motivo por el cual fue elegido San Andrés como nuevo patrón de la iglesia el caso es que, desde muy pronto, entre sus tesoros se encontraba “Un relicario con la reliquia de Señor San Andrés Apóstol, con su cinta y su autentica de Roma”[2].
En cuanto a este nuevo templo parroquial, que es la actual iglesia de San Andrés Após­tol, podemos decir que se levanta en la calle del Pósito, coronando el alto de una empinada calle, la Cuesta Hondonera. Como bien especifican las crónicas, distaba 22 leguas de la ciudad de Murcia, lugar donde residía el Obispo de Cartagena.
La iglesia de San Andrés de Alcalá del Júcar
En lo referente a su arquitectura, la iglesia alcalaeña es sólida, de bastante mérito y en su construcción se han empleado sillares gruesos, con lo cual se consigue que los muros sean ro­bustos. Tiene dos puertas de entrada formadas por arcos de medio punto. La principal da a la Cuesta Hondonera y la otra a la ya mencionada calle del Pósito. A la salida de la puerta principal se halla el pretil, que es una pequeña explanada con bancos y una pequeña fuente.
El templo tiene planta de cruz latina, es decir, formada por una nave central y un cruce­ro, siendo su cabecera plana. Las naves que forman la iglesia están cubiertas con bóvedas de ca­ñón, es decir, de sección semicircular. Estas bóvedas de cañón, se construyen con series de arcos de medio punto, pero el gran peso de la bóveda y su carácter macizo, requiere unos reforzamien­tos internos y otros externos. Los refuerzos internos están formados por arcos transversales que en arquitectura se denominan arcos fajones, los cuales se prolongan hasta el suelo a modo de co­lumnas semicilíndricas adosadas a la pared. Los refuerzos externos, están formados por muros gruesos y los denominados contrafuertes, que son unos machones salientes en el paramento del muro.
 


[1] Sobre las ruinas de esta antigua iglesia, sita en el castillo, se edificó posteriormente la ermita de San Blas.

[2] Listado de propiedades de la parroquia de Alcalá del Júcar en 1769.
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El puente romano de Alcalá del júcar

El puente de Alcalá del Júcar, al contrario de lo que cree la conciencia popular, no es de construcción romana. Ignoramos el número de puentes romanos que hubo en España, y aunque no lo son todos los que por antiguos se vienen llamando “romanos”, desde luego su cantidad de­bió de aproximarse a la existente a fines del siglo XIX.

Como normas muy elementales para desechar un puente como romano pueden adoptar­se, según A. Blanco Freijeiro, aquellos en que la calzada mide menos de 5 ó 6 mts. de ancho, o en que la calzada sube y baja formando un badén en su recorrido por el puente, en otros térmi­nos, lo que se llama un puente de lomo de asno (los puentes romanos deben tener calzada hori­zontal o muy poco alomada). Como vemos, nuestro puente reúne los dos requisitos. No obstante, buena muestra de lo difícil que resulta adscribir un puente a época romana es que, muchos espe­cialistas, no están de acuerdo con este autor. Existen, además, cantidad de ejemplos más modes­tos y es en ellos donde a veces se plantea el problema de su identidad romana, por cuanto la téc­nica constructiva se mantuvo sin variaciones hasta el siglo XVIII. Incluso puentes que hoy en día se dan por romanos, deberían ser puestos en entredicho.
La mención más antigua sobre un puente en nuestro pueblo que hemos podido hallar es la que aparece en las Relaciones Topográficas, al decirse que “tiene esta Villa en el dicho rrio un puente decaí y canto de gincoarcadas muy rrica y bien edificada y es la mejor puente que tiene el dicho rrio de Xucar aunque desde el siglo XIV hay menciones indicando que se en­contraba en este paso una de las aduanas que servían como frontera con el reino de Aragón.
En cuanto a nuestro puente, este es de sillería y consta de cuatro ojos, bajo los cuales corren raudas las aguas del río. Su longitud no es muy grande, ni siquiera importante; la gran luz de sus arcos provoca problemas que sus constructores resolvieron recu­rriendo a arcos levemente elípticos, que amplían su alcance horizontal sin requerir más altura. Pero el mayor problema, y que no pudieron resolver, fue el de la rigidez física de su estructura. La piedra no admite apenas flexibilidad y ello obliga a que los arcos sean sólidos, indeformables y no excesivamente abiertos para poder resistir cualquier peso. Por eso, el puente de Alcalá del Júcar es macizo de estructura.
En la mitad del puente, se hallaba la llamada “Cruz del Puente”, realizada en piedra y derribada durante la última contienda; tras la confrontación bélica se construyó algo parecido a una flecha, llamada “Cruz de la Victoria” y construida para conmemorar el triunfó franquista en la Guerra Civil. Bajo esta cruz, hay situada una lápida que nos fecha la construcción de esta pa­sarela en el año 1771; en esta losa todavía subsiste una inscripción en cuyas cinco líneas se de­clara:
ESTE PASO ES DE
EL AÑO DE 1771 A 27 DE MARZO QUE SE REMA­TO
EL PUENTE
Una de las primeras menciones que ha llegado a nuestras manos referente al puente ac­tual, data de 1786, al decirse que la villa “„.tiene sobre dicho Rio un puente famoso de piedra de sillería con seis ojos, quatro de ellos para su desguazadero y dos pequeños para repartir las aguas para el eredamiento por ambos lados y paradas de molinos que riegan hasta el termino de Ves, y para ello se toman las aguas de una presa..”; esta presa estaba fabricada “…con tal figura y de unas 300 varas de longitud con dos caídas o ramales de modo que quantos peritos la an visto les causa admiración”.
Ni que decir tiene que el puente actual tampoco se ha mantenido incólume des­de el año 1771 ya que ha sufrido varias inundaciones desde entonces. Un ejemplo de ello lo te­nemos en la riada ocurrida él 26 de agosto de 1782, como consecuencia dé la cual se derrumbó el ojo del puente que daba al Este, siendo reparado por don Felipe Motilla que, aunque era natural de Jorquera, residía en Alborea. Debido a estas y otras inundaciones que ha sufrido el pueblo, el puente actual ha tenido que ser reconstruido en varias ocasiones. También hay constancia de otras reparaciones tras la riada de 1941, la de 1982 o la que sufrió en 1992. Al igual que en otros monumentos, la escuela-taller de cantería ha realizado diversas obras en él.
Pese a estas reconstrucciones, siempre tuvo fama de ser el mejor sobre el Júcar; buen ejemplo de ello es que, a la referencia ya señalada con anterioridad de las Relaciones Topográfi­cas, en el informe que Felipe Motilla hace con motivo del hundimiento de parte del peñón,  por lo que es puente seguro, y al no haber otro en este Rio en muchas leguas, pues los que hay a taparte de arriba y la de abajo son pontones y por consiguiente de muy poca consistencia, que a poca avenida o subida del río marcha con ellos, y es mi decir puente seguro porque llegan lances que se ven precisados los habitantes a buscar éste, que es el que parte para muchas partes del reyno de Murcia, Origüela y Alicante y parte del de Valencia..”. Madoz, en el siglo XIX, vuel­ve a redundar en la idea al decir que: “Pasado el río por un puente de sillería de tres ojos, sólido y quizás el mejor que cruzan sus aguas…”.

Bibliografía: Alcalá del Júcar (José Luis Valiente Pelayo)
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Tradiciones de Alcalá del Júcar-La matanza

ASPECTOS COSTUMBRISTAS EN ALCALÁ DEL JÚCAR.

Sería demasiado prolijo e interminable constatar todos y cada uno de los aspectos de ti­po tradicional y costumbrista que motivaron un cierto desahogo de buen humor ante las penosas

circunstancias y el ímprobo trabajo en que se desenvolvieron nuestros mayores. Sin embargo, aunque de pasada, queremos referimos a la popularidad alcanzada por algunos de ellos, como por ejemplo:
La Matanza: era uno de los acontecimientos gastronómicos más importantes del año en Alcalá del Júcar y podría ser definido como la acción que consiste en matar al cerdo, así como las operaciones subsiguientes destinadas a la elaboración y aprovechamiento de la carne y otras partes del animal.
alcala del jucar
Aunque en algún tiempo constituyó el cerdo, por ser criado en los corrales domésticos, un alimento muy común en Albacete, en la actualidad, debido a una mayor variedad en la ali­mentación y a la industrialización de productos alimenticios, él cerdo cómo alimento básico ha quedado reducido, principalmente, a algunas zonas rústicas.
La matanza constituye una tradición y una fiesta familiar. En ese día suele reunirse toda la familia, más algunas mujeres que ayudan en las tareas, y hombres que sujetan al animal sobre la mesa mientras es degollado; úna vez se ha matado y limpiado es descuartizado, empezando entonces la labor de las mujeres, que abarca desde la limpieza de las tripas, que posteriormente se utilizarán como recipiente donde embutir, hasta la mezcla de distintas carnes junto con espe­cias para la elaboración de los embutidos. Los jamones y brazuelos se recubren de sal durante al­gún tiempo, transcurrido el cual se lavan y se dejan a secar. A los pocos días de haber matado el cerdo se efectúa la “fritá”, operación que consiste en freír con gran cantidad de aceite parte del lomo, longanizas, morcillas, etc., para conservarlo en la orza, de la que se irán extrayendo poco a poco las “tajás” a lo largo de todo él año.
La matanza se lleva a cabo durante los meses de invierno, ya que las bajas temperaturas favorecen la cura y conservación de los embutidos. Ya el refranero local lo advierte al decir “Por San Andrés mata tu res, grande, chica o como es”.
Entre las diferentes piezas que suelen elaborarse se encuentras las morcillas, longanizas, güeñas, perro, salchichón, chorizo, etc., y, a veces, el lomo se suele embuchar.
La matanza se celebra habitualmente con una comida familiar, y es a mediodía cuando llegan lá mayoría de los invitados. Se sirve una suculenta comida en la que casi nunca falta el “morteruelo” y por la noche cualquier plato al que siguen, inexorablemente, las primeras morci­llas fritas.
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